Microexpresiones

Una lección de piano que ella jamás olvidaría

Ella esperaba impaciente que él terminara.

Él acariciaba la madera de arce mientras se apoyaba para descubrir todos sus secretos.

La correcta tensión,

El sonido que ella le arrancaría apenas él hubiese terminado,

La impaciencia.

La tensión de sus músculos mientras giraba la llave. Las teclas, suavemente expresando un cambio. Un cambio que solo ella y él entendían.

La afinación de su piano. Ella, concertista. Él, ingeniero.

Los dos extremos, visible e invisible, de la magia en erupción del blanco y del negro,

Magia que seduce al silencio, entre breves pausas, entre notas que se juntan solo una vez,

Para no volverse a encontrar.

Ni una sola palabra entre ambos,

Solo una mirada.

Los ojos de ella, en los de él. Los dedos de él, en sus teclas. Los sonidos, en el alma de ambos. La sonrisa, fugaz y traviesa. Un secreto, una vida.

Una vida dedicada al piano. La vida de ambos, en una sola.

Con la correcta tensión de los martillos, el murmullo de las cuerdas tan tenues como sus respiraciones.

Sin palabras.

Solo sus ojos. Y oídos.

Él cierra la caja del instrumento,

Prueba las teclas una última vez,

Se levanta, más alto que ella.

Recoge sus herramientas y se despide con una última sonrisa.

La puerta se cierra.

Ella se sienta frente a su tesoro.

Y lo toca.

Como si lo tocara a él,

En la música que provocó la casualidad de encontrarse.

Dos extremos, un instrumento.

Las notas, cada vez más fuertes.

Sus dedos, cada vez más calientes.

Las notas, más fugaces.

Él volvería, sí. Dentro de seis meses.

O quizá menos. La madera es caprichosa; tiene vida después de su muerte. Se mueve, respira, sufre, llora.

Él tendrá que regresar.

Mientras tanto, ella lo tocará.

-

Tú eres el piano y la concertista.

Existes en una metáfora que acabo de compartir contigo.

Y al igual que el piano, necesitas afinarte cada cierto tiempo.

Soltar la tensión. Volver a tu fuente. Enfocarte de nuevo.

Volver a sonar como tu máxima expresión.

No creas que tomarte unos días libres son suficientes para 'afinarte'.

¿Acaso el piano se afina solo, mientras nadie lo está tocando?

Todo lo contrario.

El clima, la humedad, el polvo siguen afectándole.

De igual manera, las circunstancias siguen acumulando su peso sobre ti.

Eres fuerte, pero necesitas un reajuste.

Para tu sonido, para tu desempeño, para tu eficiencia.

Eres un instrumento espectacular, único.

Permíteme enseñarte cómo puedes vivir al máximo de tu capacidad.

Escríbeme y conversemos: info@knesix.com

Jesús.

Este artículo se publicó originalmente en 2018. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.