Habilidades sociales

Sus limitaciones no eran precisamente físicas

Siri Lindley estaba segura de clasificar.

Era la carrera para optar a las olimpiadas de verano del 2000. Desde hace años el triatlón había sido su sueño; había entrenado a tope durante meses.

Había visualizado la carrera una y otra vez, más de trescientas veces.

Éste era el momento. Todo el mundo la consideraba dentro del equipo olímpico; era la número dos a nivel nacional.

Nada podía fallar. No en este momento.

Estaba en la línea de salida.

Entonces sonó el disparo.

Tal y como lo había visualizado, ingresó al agua perfectamente, con la cadencia, potencia y destreza que había repasado tantas veces.

A los doscientos metros de nadar, todo cambió.

Imposible saber quién le pasó literalmente por encima; la empujaron hacia el fondo y casi se ahoga.

Todas las veces que había entrenado y visualizado, no se había enfrentado a esto.

Al fin salió a la superficie. nadaba con todas sus fuerzas, pero prácticamente no se movía.

Había tragado mucha agua.

Aún así, logró continuar pero muy por detrás de su marca personal. De hecho, muy por detrás de la mayoría de los competidores.

Al final, no logró clasificar.

Estaba destruida física y psicológicamente.

Estaba absolutamente segura de haberlo dado todo; de haberse esforzado hasta el tope.

Esa derrota había sido más de lo que podía soportar.

Entonces, recibió la carta.

"Siri, creo que deberías venir a entrenar a Suiza con nosotros. Nuestro Coach quiere verte"

No sabía qué hacer. Se sentía sumergida en el fracaso mismo.

Así que no tenía mucho que perder, después de todo.

-

Siri llegó a Suiza, pero su equipaje no; lo único que había llegado a tiempo era su bicicleta. Después de 10 horas de vuelo y 2 horas en coche para llegar al campo, estaba agotada.

El primero en recibirla era un hombre bajo y de amplia espalda, como de unos cincuenta años; con ligeras canas a los lados, mentón en alto y una mirada que podría derretir el acero.

El saludo no se pareció para nada a un saludo.

"Veo que traes tu bicicleta. Soy Brett".

"Hola Brett, encantada... Sí. El resto del equipaje al parecer viene en camino, no..."

"Coge tu bici y móntala en una de las máquinas de entrenamiento del sótano. La sesión comienza en treinta minutos".

"Pero... Brett, no tengo más ropa que la del viaje. ¿Cómo voy a...?"

"¿Tienes tu bici, no?"

"Sí".

"Entonces, ve y monta la bici en la máquina de entrenamiento abajo. Treinta minutos".

Calzando los mismos Converse que llevaba puestos desde quién sabe cuándo, Siri fue sometida a dos horas del entrenamiento en bicicleta más terrible que jamás había experimentado.

En la sala, unas máquinas más allá, estaba su amiga, la de la carta; pero estaba poseída por una fuerza que le robaba toda conciencia. No la saludó cuando entró, no reparó en ella y ni siquiera reconoció que existieran ambas en el mismo tiempo y espacio.

Estaba en pleno entrenamiento, un estado sagrado en ese lugar.

Cuando Siri se bajó de la bicicleta, ya era hora de dormir. Apenas recuerda haberse duchado.

-

A la mañana siguiente, el plan parecía sencillo: bajar en una minivan 25 kilómetros hasta el área donde se encontraba la piscina olímpica.

Siri acostumbraba nadar 3000 metros al día, y consideraba que estaba haciendo un buen trabajo de condicionamiento.

Ese día empezó con 6500.

Antes de desayunar.

Pensó que se moría.

Todos eran más rápidos que ella.

Al terminar, pensó: Bueno, ahora a comer y a relajarme un poco. Se tomó una ducha, se cambió con ropa prestada y desayunó mientras buscaba a Brett con la vista.

"¿Dónde está Brett?", la voz era casi inocente.

"Brett se fue a la casa", le dijo una de las chicas. "A nosotras nos toca subir en bicicleta".

"Pero mi bicicleta está allá arriba".

"No te preocupes. Te la han traído".

Siri empezó a entender que ese entrenamiento no sería como nada de lo que había experimentado jamás.

Y se iba a quedar corta.

La misma chica se le acerca y le dice casi en secreto: "Tú vas a subir con Jane. No es por nada, no es porque seas nueva, pero es para no presionarte mucho. Por cierto, es que Jane apesta".

Siri repitió las últimas palabras como un mantra: "Jane apesta. Pobre, quizá no tiene tanta resistencia como las demás. Bien. Eso es bueno para mí."

Subiendo, Jane la dejó atrás a los cinco minutos.

-

Tardó hora y media en subir la montaña.

Sentía que las piernas le iban a explotar.

Esto era el fin. Realmente, ya no podría...

Brett apareció de la nada.

Siri se congeló. No quería mover ni un músculo ni hacer absolutamente ningún ruido, con tal de...

"Bueno, tienes cinco minutos para alistarte. Vamos de salida".

"¿Salida para dónde?"

"De regreso allá abajo. Los llevo en la van y regresan a casa corriendo, subiendo los 25 kilómetros. Vamos".

Joder.

-

Esa noche, Siri habló con su mamá por teléfono.

Bueno, en realidad apenas hablaba porque lo que hacía era llorar.

Su mamá solo le dijo: "Inténtalo, y si ves que es muy duro, regresa a casa. Nadie va a juzgarte".

Pero ella sí se juzgaría a sí misma.

Pues estaba cansada de quedar en cuarto y quinto lugar, una y otra vez, en cada competencia internacional.

A la mañana siguiente le dolía el cuerpo horrores. Aún así, tuvo que repetir el mismo entrenamiento.

Así, cada día.

Una y otra vez, durante meses.

Mientras, Brett le gritaba cual sargento de "Reto al Destino".

"¡A ver si mueves ese culo gordo!"

"¡Joder, apártense que Lindley va a tirarse a la piscina, puede causar un tsunami!"

"¿¡Será que tengo que amarrarte una escoba con un pastel en la punta para que puedas correr!?"

Imagínate estar al límite combinado de tu capacidad pulmonar, cardiovascular y mental,

Al límite mismo de tus articulaciones,

Al borde de una crisis de nervios,

Y con tu entrenador gritándote tan fuerte que lo escuchas con tus huesos.

Siri no se rindió.

-

Al año siguiente, Siri Lindley ganó seis carreras consecutivas en la copa internacional de triatlones, haciéndose con el título mundial y alcanzando el puesto de la triatlonista número uno del mundo, título que mantuvo hasta el año siguiente.

Sabe que gran parte de su éxito se lo debe a Brett Sutton.

No tanto por los entrenamientos inhumanos que casi le destrozan los riñones,

Ni el bullying verbal constante, a cada rato y cuando más le dolía.

Parecía una tortura diabólica y perversa, pero en realidad el plan de Brett tenía precisión quirúrgica: forzar la mente de Siri todos los días, justo a punto de resquebrajarse y casi romperse... sin que se rompiera del todo.

Y al día siguiente, llevarla al mismo límite, un poco más allá.

Y al siguiente.

Ésa era la habilidad de Brett: saber exactamente cuánto podía soportar una atleta y llevarla allí, todos los días, sin descanso.

Siri no conseguía las copas mundiales por falta de preparación física,

sino por falta de resistencia mental.

Tenía una frase fija en su mente: "No soy lo suficientemente buena", que rimaba con "No lo merezco".

Brett literalmente hizo pedazos su mente y la volvió a armar.

El cuerpo simplemente la seguiría.

-

Tengo la absoluta certeza de que todos tenemos un potencial brutal.

Sí, suena a blah, blah, blah.

Pero para acceder a ese potencial debemos llegar al límite.

Desarmarnos. Destruirnos. Hacernos pedazos, añicos; deshacernos de toda una serie de prejuicios, conceptos y limitaciones que nos hemos ido formando con los años.

El potencial sigue allí.

Es cuestión de forzar tu mente y tu espíritu hasta ese límite.

"No sé si pueda"

"No estoy seguro"

"No creo que sea una buena idea después de todo"

"Todos son más jóvenes que yo"

"Todos tienen más experiencia que yo"

"No tengo capital suficiente"

Una mierda.

Lo que tienes son demasiadas preguntas sin contestar que te atormentan una y otra vez, y te obligan a quedarte en el mismo sitio.

Esas preguntas no son tú,

Esos prejuicios no son tú.

Es hora de que salgas de esa crisálida de piedra.

No va a ser con suavidad, ni bonito, ni silencioso.

No esperes que arrancarte esas dudas de años será de un día para otro.

Pero puedes comenzar hoy, hablándome de ti.

Aunque aún no tengas ni idea de cuál es tu propósito.

Ni mucho menos cómo alcanzarlo.

Seré tu mentor, pero debes tomar tu decisión.

¿Empezamos?

Jesús Enrique Rosas - jrosas@knesix.com

Este artículo se publicó originalmente en 2018. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.