Análisis

Su mejor regalo vino de su peor enemigo

Zhuge Liang escuchaba atento al general.

"Conoces bien la agresividad de Cao Cao. En este momento se encuentra en la ribera norte, esperando el momento propicio para hacernos pedazos. Y lo hará, pues su ejército es muy numeroso y además, no nos quedan más que unos cuantos cientos de flechas."

Liang ni siquiera pestañeó. El general prosiguió.

"Tu reino y el nuestro solo han unido fuerzas pues es la única manera de detener sus avances. Pero ya que tu gobierno te ha enviado a cooperar, pues entonces cae sobre ti la responsabilidad de buscarle una solución a esta situación."

Las cejas del canciller subieron. "¿Y se puede saber a qué le debo tan obligado honor?"

"Pues que ya lo hemos decidido".

"Ya veo. Y supongo que si no cumplo con lo que ustedes están a punto de solicitarme, me pasarán por las armas. De acuerdo, ¿Qué necesitarían?"

El general dudó un momento pues no se esperaba tal tranquilidad por parte de Liang, por mayor que fuese su fama como estratega militar.

"Pues... 100.000 flechas, en un máximo de diez días; para entonces la gruesa niebla que cubre el río se habrá levantado y tendremos visibilidad para el ataque."

Zhuge Liang se quedó pensativo unos minutos.

Nadie rompió el silencio. Nadie movió un músculo, hasta que éste se puso de pie y dijo;

"De acuerdo. Cien mil flechas. Denme tres días."

Liang pasó los primeros dos días preparando su operación secreta. Preparó 20 barcos río arriba, colocando decenas de tablones de madera que asemejaban hombres, a manera de espantapájaros. Los barcos estaban amarrados a gruesas cuerdas que fueron amarradas a los árboles de la ribera.

Al anochecer del segundo día, Liang ordenó encender las antorchas en las naves y soltar los navíos río abajo, sujetados por las cuerdas.

En la espesa niebla del crepúsculo, el ruido de las embarcaciones alarmó al ejército de Cao Cao. Pero solo podían alcanzar a ver la silueta de las embarcaciones y a duras penas a sus tripulantes. Alarmados, ordenaron fuego y dispararon una catarata de flechas sobre los navíos, clavándose la mayoría en los tablones colocados en la cubierta.

Confundidos al no escuchar reacción por parte de los tripulantes, continuaron el ataque por largo rato para asegurarse de que no quedase nadie en pie para responder.

Cuando cesó la ciega ofensiva, Liang ordenó tirar de las cuerdas para traer los navíos de regreso; Cuando retornaron, tenían todas las flechas que necesitaban.

Y más.

Lo que prosiguió fue la llamada Batalla del Barranco Rojo, y esas 100.000 flechas 'prestadas' significaron la diferencia que marcó la victoria para las fuerzas del sur; detuvieron el avance de Cao Cao.

La mayoría de los historiadores no se ponen de acuerdo con las anécdotas militares, políticas y sociales de aquella época, principalmente porque era común para este tipo de personajes rodearse de un aura de invencibilidad, ingenio y maestría, precisamente para sembrar el temor en sus enemigos.

Pero aún si la historia de Zhuge Liang es difícil de verificar, podemos transportarla hasta nuestros días, en nuestras batallas diarias. Batallas que libramos para vencer la mediocridad que nos rodea.

Esa misma mediocridad que se materializa en saetas verbales, flechas que intentan frenarte, opiniones y críticas que te afirman una y otra vez que estás demente por dejar el alma todos los días en tu propósito; es esas veinticuatro horas diarias que pasa tu mente puesta en tu objetivo.

"¿Para qué te esfuerzas tanto?"

"No vale a pena"

"Vas a agotarte"

"¿Te crees superior a los demás?"

"Quienes lo han logrado solo tuvieron suerte"

"Anda, disfruta el momento"

"Ya no tienes tiempo para tus amigos"

"Eres poco realista"

Multiplica eso y más, por 100.000.

Pero piensa que son como las flechas que capturó Liang: un regalo que puedes usar para fraguar tu propia victoria.

Porque todas esas opiniones, críticas y burlas que te disparan, demuestran que estás en el camino correcto: en el que tú te has trazado y solo porque no es igual al de todos los demás, les produce confusión, amargura y miedo.

Miedo porque a ellos mismos les aterra hacer algo como lo que tú estás haciendo.

Así que usa esas flechas para tu beneficio,

Conviértelas en flechas que te indican una dirección: Adelante.

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Jesús Enrique Rosas
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Este artículo se publicó originalmente en 2018. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.