¿Cuántos golpes serán necesarios para hacerte dudar?
El hombre estaba parado frente a la ventana, viendo al exterior con la mirada perdida y los labios apretados. Así estuvo un rato, hasta que cerró los ojos y dijo:
"No. Diles que no hay trato. Que no insistan. Prefiero tirar el guión a la basura."
Colgó el teléfono.
"¿Cuánto?". La voz de su esposa se apagaba en el reducido espacio del departamento.
"Doscientos cincuenta mil. Dicen que están seguros de poder asegurar a Burt como protagonista. Ya has oído lo que les he dicho."
Sasha suspiró profundamente y se puso de pie lentamente; el embarazo le había afectado más de lo que se imaginaba. Sabía por lo que debía estar pasando él, rechazando ofertas cada vez más abundantes cuando no tenían ni cien dólares en el banco.
Se acercó hacia él y lo abrazó por detrás.
"¿Sabes que estoy dispuesta a vivir en un trailer si es necesario, verdad?"
"A veces... quiero decirte que a veces lo he pensado. Aceptar el dinero. Quiero que lo sepas, aunque no me lo permitirías. Sé que esto va a funcionar. Los voy a convencer, o simplemente no se hará la película".
"Yo sé que lo harás". Ella lo apretó aún con más fuerza.
Hace unos meses él había escrito un guión que había estado madurado desde hace tiempo. Una mañana decidió que era suficiente pensar y repensar la historia, y solo se sentó a escribir a mano mientras ella mecanografiaba página tras página. Tardaron poco más de 3 días para que estuviese listo.
De inmediato visitó a los productores Robert Chartoff e Irwin Winkler. Los había visto hace mes y medio solicitándoles trabajo como actor, pero no tenían absolutamente nada que pudiese concordar con su físico.
"Eres un tipo interesante, pero no es lo que estamos buscando ahora", le dijeron en ese entonces. Aunque no pudo conseguir lo que quería, justo cuando iba a abrir la puerta para despedirse les dijo: "¿Saben? también escribo".
"De acuerdo, chico. Tráenos algo y con gusto lo leeremos".
El guión de los tres días y medio les había parecido excelente y entraron en conversaciones con la cinematográfica. Estaban dispuestos a poner el dinero pero no lo querían a él haciendo el personaje principal. Preferían a actores más reconocidos como James Caan o Burt Reynolds.
Primero le ofrecieron cien mil dólares para que aceptara ceder los derechos del guión para poder hacer la película como quisieran.
Lo rechazó.
Luego, ciento cincuenta mil.
Doscientos.
Todas las ofertas, rechazadas. Él quería el papel para él, sin importar lo que costara. Sin importar que estaba atrasado tres meses con el alquiler del departamento, que tenía un bebé en camino y que tuvo que vender a su perro por 50 dólares, con el dolor de su alma, para comprar comida.
Él perseveró.
Un día, volvió a sonar el teléfono.
"De acuerdo. Tienes el papel, van a hacer la película. Pero solo te pagarán veinticinco mil, más un porcentaje de las ganancias."
La respuesta fue emocionada y controlada a la vez:
"¿Cuándo empezamos?"
La película costó un millón de dólares; terminó recaudando más de doscientos millones en todo el mundo convirtiéndose la película más taquillera de 1976, y ganando tres premios Óscar, incluyendo mejor película y mejor dirección.
¿El escritor obstinado que terminó por interpretar el papel principal? Sylvester Stallone.
La película: Rocky.
Stallone gestó la idea durante diez meses después de ver una pelea entre Muhammad Ali y Chuck Wepner.
Podríamos decir que para lograr lo que quiso, tuvo que aguantar bastates golpes, aunque no fueran los de la gran pantalla.
(Sin embargo, filmando Rocky IV, Dolph Lundgren casi lo mata cuando le dio un derechazo en el pecho).
Pero mi punto es...
Para lograr lo que quieres debes tener absoluta y exagerada convicción de lo que te propones.
Todas las personas que han logrado grandes cosas, han entregado hasta el último aliento de cada día para conseguirlo; y al levantarse al día siguiente, ha sido su primer pensamiento y su primera acción: seguir.
Seguir con el un-dos, gancho al hígado y jab.
Y presionar, presionar, presionar una y otra vez,
Aunque te sientas desfallecer y creas que no puedes más.
Cada día es un asalto, una oportunidad más de demostrarle al mundo de qué estás hecho.
Aunque la mitad no crea en ti y la otra mitad crea que estás loco.
Cada día es una oportunidad de entregarle tu vida y tu alma a tu propósito; es tu deber contigo, con tu familia y con todas las personas a las que puedes inspirar, impulsar y contagiar positiva y enérgicamente.
Todos necesitamos que te sientas así, todos los días, día tras día.
Así que levántate.
No porque sea 'hoy' el momento,
Sino porque estás vivo y respirando.
Yo estoy contigo.
Y por eso quiero ofrecerte, por última vez en este año, la oportunidad de inscribirte en el Máster Knesix de Análisis e Influencia del Comportamiento.
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Tendrás todas las herramientas que necesitas para demostrarle al mundo que es inútil resistirse.
Hoy es, literalmente, el último día hasta el año que viene. ¿Vas a dejar pasar la oportunidad?
Hagámoslo,
Jesús.
Este artículo se publicó originalmente en 2018. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.