Persuasión

La brújula que impulsó una vida en la dirección correcta

Eran las últimas horas de la tarde y Hermann regresaba de su fábrica de dínamos; acababa de conversar con sus socios sobre el proyecto que tenían para iluminar el Oktoberfest para el año siguiente. Todo marchaba sobre ruedas.

En el camino a casa, pensó en su hijo de 5 años quien había estado desde hace un par de días pegado a la cama por una fiebre obstinada. Pensó que quizá llevándole un regalo, al menos se distraería, pero ¿Qué llevarle?

Pasaba por una tienda en la que ofrecían desde artículos deportivos hasta equipo para campamento y exploración; después de pasar un buen rato decidiendo entre todos los artilugios que ofrecían allí y a punto de irse con las manos vacías, se fijó en una brújula de tamaño mediano que estaba justo a un lado de la caja registradora.

Hermann salió de la tienda con el presente y continuó el camino a casa.

Al llegar, lo recibió su esposa.

"¿Un regalo para mí?", dijo ella, con media sonrisa sarcástica antes de darle un beso.

"En realidad es para Albie. No sé si le llame la atención, pero al menos lo distraerá".

Hermann subió las escaleras, abrió la puerta del cuarto y se encontró con una cara de aburrimiento que podría haber roto un récord olímpico.

"¿Qué tal? ¿Cómo te sientes?" El padre trató de sonar animoso.

"Mal". La voz del niño, de por sí muy tímido y retraído, sonaba más apagada que de costumbre. Pero no era la enfermedad lo que le pesaba, sino llevar tanto tiempo postrado en esas odiosas cuatro paredes.

"Te he traído un regalo", dijo Hermann mientras sacaba la caja. "Ábrelo".

Albie abrió la caja y sacó la brújula. "¿Qué es?"

"Es una brújula. ¿Ves esa flecha de color naranja? no importa en qué posición estés, siempre va a apuntar al norte. Así, cuando te cures y salgas a explorar de nuevo, no te perderás".

El niño se quedó viendo el aparato largos segundos. Lo giraba a un lado y al otro, y la flecha se estremecía para volver a apuntar siempre al mismo sitio. Lo agitaba un par de veces y la flecha parecía tener vida propia, regresando a la misma dirección siempre.

"Gracias, papá". La voz sonó un poco más animada esta vez. ¿Cómo funciona?

"Se llama magnetismo. Si quieres, te cuento de qué se trata".

El niño recordaría ese regalo durante toda su vida; el presenciar que una fuerza invisible actuaba sobre la flecha de la brújula, le llevó a preguntarse:

¿Habrían otras fuerzas ocultas, invisibles, misteriosas allá afuera?

Esa perspectiva de imaginar decenas o quizá cientos de influencias que no podemos percibir con nuestros sentidos, lo llevó a estudiar ciencia, a pesar de que no se le daban muy bien las matemáticas. A convertirse en físico, producto de ese afán de descubrir lo desconocido.

A formular una de las teorías más famosas de la historia: la Teoría de la Relatividad.

Albert Einstein siempre recordó la brújula que le regaló su padre como un momento mágico para él; el momento en el que se despertó en él ese impulso que lo llevaría a convertirse en uno de los científicos más influyentes del siglo XX.

Todos deberíamos tener el privilegio de tener un momento así.

En ocasiones nos encontramos desmotivados; sin un propósito concreto, nos sentimos como el pequeño Albie en esa cama, postrados sin saber cómo avanzar y encerrados entre cuatro paredes: rutina, desidia, frustración e impotencia.

Nos puede pasar en cualquier momento de nuestra vida.

Es crucial que desarrollemos la habilidad de identificar esas pequeñas 'chispas' de inspiración que se nos presentan cada día; pero para ello, debemos estar dispuestos a creer que existen, así como creer en nosotros mismos.

Si tú no crees en ti mismo, ¿Quién va a hacerlo?

Lo peor que puede pasarte es que creas que cada día es exactamente igual al anterior.

Cada uno encierra obstáculos con los que puedes hacerte más fuerte, claves para inspirarte y la oportunidad de desarrollar tu propósito.

Pero tienes que mantener tus sentidos alerta.

Por mi parte, me costó bastante tiempo descubrir que lo que más deseaba en la vida era narrar historias.

Y pasaron mil señales que no supe interpretar.

¿Crees tú que te habrá pasado igual?

Me encantaría conversar de esto contigo. Escríbeme: info@knesix.com

Jesús.

Este artículo se publicó originalmente en 2018. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.