La bendición de meter la pata en tu primer intento
"No te deseo mal, pero ojalá que lo que te propongas salga perfecto a la primera", fue una frase que publiqué en estos días.
Dejando el sarcasmo a un lado, es una realidad un tanto absurda: que salgan las cosas bien al primer intento es una alegría de muy corta duración.
Hagamos memoria juntos: ¿Qué cosas que realmente valen la pena, las haces solo una vez?
Es como hacer lasaña. No vas a hacerla solo una vez... vas a intentarlo varias veces hasta que te salga como a ti te gusta.
Pero si la lasaña sale perfecta en el primer intento, ¿Cuáles son las probabilidades de que salga así en el siguiente?
Seguro pensarás: "Si a la primera salió así... con un poco de experimentación saldrá aún mejor".
Porque esa experimentación, el ensayo y error, es innato para todos nosotros.
El problema es que si la primera vez salió tan bien, el ponerte a experimentar te va a frustrar un poco.
"Ah, no salió tan bien como la primera", dirás una y otra vez.
Algo así proponía el filósofo Francis Bacon en el siglo XVI. En ese entonces, la comunidad científica tenía un fuerte detractor: La Iglesia Católica.
¿Cuál era el conflicto, después de siglos de convivencia armoniosa, e incluso estímulos por parte de ésta a los avances científicos?
La respuesta: que esos avances comenzaban a poner en duda las Escrituras.
La lucha entre ambas corrientes era asimétrica, pues una defendía un dogma religioso mientras que en la otra, el conocimiento iba evolucionando progresivamente.
De allí que la Iglesia no tuvo problemas con el 'ensayo y error' científico... hasta que comenzaron a perder creyentes.
Para Bacon era fundamental ese concepto de un conocimiento en constante evolución; pero para eso, era necesario combatir los que llamó "Ídolos de la mente", entre los que se contaban...
- Las generalizaciones
- Los prejuicios
- Las normas sociales
- Los dogmas de todo tipo
...Entonces, el mérito de un científico de esa época era tener el la sangre fría para ir en contra de toda clase de obstáculos que imponía la sociedad para poder ver el mundo realmente como es.
¿Qué tiene que ver esto con nuestro primer intento de lasaña perfecta?
Que ese primer intento 'perfecto', se vuelve como un dogma para nosotros. Un arquetipo contra el que tenemos, irónicamente, que luchar.
Mucho mejor es cuando metemos la pata a la primera y comprendemos que lo que nos proponemos va a requerir un poco más de esfuerzo de lo que pensábamos.
En ese momento decidimos ponerle más cuidado y empeño al proceso, lo que a largo plazo es muy beneficioso.
Lo mejor de todo: al estar preparado para meter la pata, tardarás menos en entrar en acción pues no te preocupará mucho el primer resultado.
Para que todo esto funcione, es importante superar esa frustración inicial.
No ser tan duro contigo mismo, dar un paso atrás e intentar observar qué salió mal.
Piensa en esa primera metida de pata como una bendición que te impulsará a mejorar continuamente.
...y cuando creas haber llegado a 'perfecto', tendrás la capacidad para ver pequeñas ramificaciones que te llevarán a aumentar aún más tu conocimiento... y tu poder sobre tus circunstancias.
(Porque el conocimiento es poder... pero tienes que trabajarlo como un músculo).
Es como el lenguaje corporal: no vas a poder descifrarlo 'a la primera'. Por eso necesitas un método para practicarlo regularmente.
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Este artículo se publicó originalmente en 2019. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.