Si sientes impotencia, nada mejor que esta lección de “Top Gun”
Hace 33 años, Top Gun nos volvió fanáticos de los duelos aéreos, la rivalidad 'sana' entre Tom Cruise y Val Kilmer, y una de las baladas más famosas de todos los tiempos.
Pero lo más importante que podemos aprender de esta película es cómo funciona el sistema de misiles.
Es clásico ver la mira electrónica ‘buscando’ al caza enemigo en la pantalla… y cuando consigue ‘cerrarse’ sobre él, disparas y [ hasta la vista, baby ].
En teoría, una vez que el misil ‘huele’ la huella de calor de la otra nave, se encarga él mismo de dirigirse al blanco.
¿Te imaginas que fuese el piloto quien, además de dirigir su avión, tuviese un control aparte para orientar al misil?
Sería un desastre.
... y eso es lo que nos ocurre a nosotros, día tras día.
Queremos controlar *precisamente* lo que no podemos controlar.
Quizá es porque más que un misil guiado, disparas una flecha; y es como la filosofía Zen sobre el tiro con arco, en la que tu esencia como arquero es volverte ‘uno’ con todo.
Espíritu, arquero, flecha, viento y diana se vuelven una sola cosa.
Es en ese instante en el que la saeta vuela; pero una vez que está en el aire…
Aquí es importante que tú termines la frase. ¿Cuál de estas opciones escogerías?
- “…ya no puedo hacer nada”.
- “…ya no es necesario hacer más nada”.
Una gran diferencia.
El mundo, sus circunstancias, son volátiles; a veces van a tu favor, y a veces en contra.
Como el viento a tu alrededor; no puedes cambiar su dirección, ni protestar; sería inútil.
Así que guardas tu energía aceptándolo y agradeciéndolo.
Lo agradeces, porque ¿A quién no le gusta sentir una brisa fresca?
El otro punto indispensable, es la diana. Sin algo a que apuntar, todo el proceso carece de sentido.
El proceso se vuelve tan íntimo como tu respiración; pues incluso hasta los latidos de tu corazón son capaces de desviar la flecha varios milímetros.
¿Dónde ocurre todo el proceso?
En tu consciencia, así que tienes que aquietar todo lo que no sea disparar la flecha.
Miedos, dudas, rabia... no puedes deshacerse de ellos, pero *puedes escoger quitar tu atención de allí*.
Una vez que sueltas la flecha, es como el misil de Maverick.
Lo olvidas.
Te desprendes.
Observas dónde cayó, y lo tomas en cuenta; es solo un intento más.
Tomas otra flecha, y repites el proceso.
A veces podemos sentirnos desesperadamente impotentes por varias razones:
- No tenemos una sola diana, sino varias; una a diez metros, otra a cien, una grande, otra pequeña y no nos decidimos a cuál apuntar cada vez.
- Nos lamentamos de que el viento no se quede quieto. Que las circunstancias no sean 'favorables'.
- Nos pesan todas las veces que hemos fallado.
Creo que ya sabes a dónde quiero llegar.
Quiero llegar al punto en el que estés consciente de que si no tienes *un solo objetivo* claro, vas a dispersar tus esfuerzos.
El punto en el que aceptas y agradeces el viento que te envuelve; que cambia de dirección constantemente; que a veces te refresca y otras te lanza polvo en los ojos.
…y finalmente, recordar que cada día es una flecha que, como dicen en el tenis, se juega ‘punto a punto’.
No importa cómo vaya el marcador.
De hecho, el marcador *no existe*.
Solo existe *este punto*, esta flecha, el día de hoy.
Sé que es duro, durísimo, disparar la flecha y que no te importe nada más.
En su libro “Atmamun”, Kapil Gupta tiene un capítulo realmente doloroso al respecto, donde básicamente te dice que amargarte por lo que la flecha haga después de que la sueltes, es vivir una vida miserable.
Un ejemplo común: si la diana es alguien a quien quieres convencer de algo.
No puedes tener a esa persona ‘afuera’, así como la diana no puede estar ‘afuera’ del arquero.
Todo: diana, viento, arco, flecha, debe estar primero dentro de ti. En el caso de persuadir, debes compenetrarte a fondo con esa persona.
Quisiera ser más concreto al respecto, pero tengo que hablar ligeramente vago pues no sé a qué puedas aplicarlo en tu vida.
Pero así como Tom Cruise tenía plena confianza en el sistema de misiles para derribar MIGs, así debes tener plena confianza en tus capacidades.
Dispara, y olvida.
Recarga, y vuelve a intentarlo.
Sé que tus emociones pueden hacer que te tiemble el pulso; pero eso solo ocurre si tratas de desconocerlas o peor aún, negarlas.
Y como no es una tarea fácil, quiero ayudarte.
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Te espero aquí con un arco y flecha especiales para ti.
Mucho éxito,
Jesús Enrique Rosas - Director, Knesix Institute
Este artículo se publicó originalmente en 2019. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.