Manipulación

La historia del neurocientífico que descubrió...

Una tarde de octubre, el neurocientífico James Fallon continuaba su investigación sobre los cerebros de asesinos en serie.

Como parte de un estudio coordinado en su universidad, hurgaba, revisaba y clasificaba miles de escaneos PET para descubrir patrones anatómicos que tuviesen correlación con tendencias psicopáticas en la vida real.

Estaba agotado y la cafeína había dejado de surtir efecto hace más de cuarenta y ocho horas.

Asesinos, esquizofrénicos, depresivos, personas sanas... ya le costaba distinguir pero debía continuar.

Al mismo tiempo, realizaba un estudio sobre el Alzheimer; como parte de esas revisiones, tenía escaneos de él mismo y toda su familia sobre el escritorio.

Se puso de pie para estirarse. Le sonaron los huesos de la espalda. Se frotó los ojos, y sacó una de las muestras de la pila que tenía enfrente.

Al verlo, enseguida vio los patrones clásicos de baja actividad en los lóbulos frontal y prefrontal asociados con la empatía, moral y autocontrol.

"Este es uno de los psicópatas", pensó.

Ya había visto este tipo de ejemplares; de los que son capaces de hacer cosas que harían palidecer a cualquier asesino cinematográfico, sin necesidad de pestañear o albergar remordimientos.

Pero solo cuando estaba detallando el mapa de aquel cerebro cuya fotografía tenía en sus manos, cayó en cuenta: la había tomado del montón que correspondía a su familia, no la del estudio de la universidad.

En esas investigaciones, las láminas protegen la identidad de los sujetos a través de una etiqueta que cubre el código, que a su vez corresponde al paciente.

Rompió la etiqueta, escribió los números en un papel y se sentó en la computadora. Se puso los lentes, y tecleó los dígitos.

"James Fallon", fue el resultado.

Estaba viéndose a sí mismo.

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La mayoría de nosotros no estaría especialmente orgulloso de exhibir un cerebro así.

Pero Fallon decidió hacer público su accidental hallazgo; era dueño de un cerebro digno de Hannibal Lecter.

El único detalle es que no tenía a nadie amarrado en el sótano de su casa, ni había tenido nunca intenciones de convertirse en asesino serial.

Así que la conclusión más lógica era redefinir lo que consideraba la anatomía del cerebro de los psicópatas.

Este artículo se publicó originalmente en 2019. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.