Aunque nos quiten las vendas, seguimos con los ojos cerrados
Antes del 10 de febrero de 1989, cualquier fanático de la lucha libre americana habría arrugado la cara ante la simple insinuación de que su deporte - o espectáculo - favorito, era actuado.
A pesar de las continuas revelaciones de periodistas, el inverosímil desarrollo de las peleas y el afilado escepticismo de muchos admiradores que preferían hacerse la vista gorda, se consideraba un hecho que los enfrentamientos en el ring eran auténticos.
Pero el legendario comandante en jefe del "show business de la lucha" Vince McMahon, estaba hasta la coronilla de las regulaciones por parte de la Comisión de Atletismo.
La Comisión requería estar en cada uno de los encuentros, otorgar licencias a los luchadores y árbitros, mantener ambulancias en las cercanías y lo peor de todo: recaudar impuestos sobre todos los eventos de lucha.
Ese yugo burocrático hacía insostenible al negocio de las trompadas.
Todo cambiaría si la lucha americana ya no fuese considerada un deporte; como un simple espectáculo, no tendría tantas obligaciones.
Pero eso significaba romper con un código de honor que todos los involucrados en la lucha, respetaban.
Le llamaban 'Kayfabe', una palabra clave que usaban en secreto para denominar todo aquello que era, en realidad, actuado: Las disputas de los luchadores dentro y fuera del ring. Sus historias de vida. sus expectativas, sus miedos, sus esperanzas y su lucha por el título máximo.
Y por supuesto, los codazos a la cara.
Así como ciertos actores como Daniel Day-Lewis que no se salen del personaje hasta que terminan de rodar toda la película, los protagonistas de estos eventos mantenían su personaje siempre que estuviesen en público.
Era agotador, pero era el alma misma del negocio.
Ese día, McMahon declaró ante el Senado de New Jersey.
"La lucha profesional es... una actividad en la que los participantes se enfrentan a mano limpia principalmente para entretener a los espectadores, más que para medir sus aptitudes físicas".
En otras palabras, más falsa que el peluquín de Trump (que también se usa para entretener a los espectadores).
¿Significó eso el fin de este espectáculo?
En absoluto.
De hecho fue beneficioso; una de las ventajas de que McMahon borrara el misterio fue la posibilidad de que los promotores independientes, quienes no tenían el músculo financiero para participar en estas contiendas, ya no tendrían que pagar por licencias ni todo el papeleo.
Más participantes solo significó más diversidad, más competencia y por supuesto, más emoción para los espectadores.
Aunque no seas fanático de este espectáculo (yo mismo no he visto ningún encuentro desde 1992, más o menos), hay una lección que aprender allí.
El éxito de la lucha libre no eran las peleas.
Ni las luces, ni las voluptuosas edecanes, ni la música estridente.
Eran las historias.
Las historias desarrolladas alrededor de cada uno de los luchadores, todas absolutamente falsas pero entretejidas en una red que generaba millones de dólares al año.
Esas historias habían sido creadas con una rigurosidad nivel Pixar. El mismo McMahon se había dedicado a crear un culebrón legendario que ni Falcon Crest o Marimar.
Así, aunque sepamos que esas historias son falsas, igual las sentimos. Las vivimos. Las hacemos nuestras.
Aunque sepamos que Hulk Hogan solo actuaba al golpear con esa silla de metal.
Aunque sepamos que Thalía no estaba llorando de verdad.
Por eso: nos quitaron las vendas y seguimos con los ojos cerrados. Queremos seguir atrapados en esas y muchas otras historias.
Las historias nos atrapan porque han sido durante decenas de miles de años parte de nuestra supervivencia. Eran nuestra única forma de transmitir nuestros avances espirituales, sociales, tecnológicos y artísticos.
Ahora que tenemos Gmail y Whatsapp, las hemos olvidado.
Sin embargo, su influencia en nosotros sigue allí.
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Rápido, que el ring está temblando y las puertas están comenzando a cerrarse.
Y te persigue El Enterrador.
Comencemos hoy, ¡Adelante!
Jesús.
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Este artículo se publicó originalmente en 2018. Algunos enlaces, cursos o promociones que menciona pueden ya no estar disponibles.