A todos nos gusta constatar que nuestras acciones tienen un impacto tangible y verificable, pero hay ocasiones en las que esa verificación tiene que mantenerse en privado… y ésta es una de ellas:


Cuando llevas algún tiempo en cualquier red social, seguro que el algoritmo va a ‘descubrirte’ los gustos casi de forma instantánea.

Te doy el ejemplo de anoche, cuando Youtube me recomendó un concierto en vivo de Hans Zimmer, ejecutando junto a una orquesta una revisión de sus más notorias bandas sonoras de películas.

Aunque el tema en el que aterricé fue «Now we are free» de la película Gladiador – interpretación sublime, por demás – de inmediato y casi obligado tenía que escuchar el tema de «Interestelar».

Últimamente me fijo mucho en los comentarios y la retroalimentación en Youtube, y me fijé que gran parte de quienes comentabas se quejaban del hecho de que «Interestelar» no ganó el Oscar de la Academia a mejor banda sonora.

(Por si te interesa, lo ganó Alexandre Desplat por El Gran Hotel Budapest)

Siempre me ha llamado la atención el componer música, pero estoy lejos de tener la capacidad para comprender qué hace que una banda sonora sea mejor que otra.

En cuestión de gustos no hay nada escrito, dicen; y por supuesto, la mayoría de nosotros solo recuerda cómo se sintió cuando escuchó ese tema o vio esa película.

«La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo les hiciste sentir» — Maya Angelou

Y sí, en mi caso, «Interestelar» me tocó dos fibras emocionales muy profundas: la paternidad y el viaje a las estrellas.

(incluir un robot con una saludable dosis de sarcasmo fue la guinda del pastel)

Pero nunca olvidaré cómo me hizo sentir esa película, ni cómo el tema de Hans Zimmer ‘S.T.A.Y’ reproduce ese sentimiento cada vez que vuelvo a escuchar su motif.

Me gustan mucho los Oscars (todavía), y generalmente estoy de acuerdo con los veredictos de la Academia.

Pero en este caso, es innecesario.

Al menos, para mí.

Y es algo que me hizo reflexionar hoy.

El reconocimiento nos multiplica las ganas de ser mejores. Mientras mantengamos la humildad y nuestro enfoque en servir, ese sutil (o no tan sutil) empujón al Ego a veces es el ingrediente necesario para poder sortear pantanos emocionales.

Pero en más de una ocasión, ese reconocimiento es privado.

Podríamos decir que incluso, secreto.

Como cuando nuestras palabras sirven de aliento a otra persona. Una persona que nos confía sus debilidades y nosotros hacemos lo posible por cambiar su manera de enfocar su mentalidad hacia ellas.

Fíjate un detalle muy importante: no hablo de superar sus debilidades, o negarlas. Porque en más de una ocasión, lo que la persona cree que es una ‘debilidad’, es solo un aspecto de su personalidad que no está alineado con lo que realmente quiere.

Por ejemplo, una persona introvertida que tenga que liderar a un grupo.

Muy posiblemente se achacará constantemente que su introversión le impide ser un buen líder.

Y la clave es permitirle observarse a sí misma con una óptica distinta.

¿Cuál puede ser uno de sus objetivos más importantes?

Bueno… seguramente querrá inspirar a su tribu.

¿Y quién dice que no puede ‘pre-inspirarles’ con herramientas desarrolladas a través de su introversión?

Por ejemplo, todas las semanas escribirles.

Mover sus corazones a través de frases y palabras.

Eso no solo cultivará su autoconfianza al tiempo que ‘pre-inspira’; notará que los encuentros cara a cara (o por videollamada, da igual) son mucho más llevaderos.

Pero claro, ese cambio de óptica será secreto.

Nadie tiene por qué darse por enterado. Y es mejor así.

Y si tú fuiste quien le ayudó a cambiar su forma de ver las cosas, de seguro tendrás un gran subidón de ánimo.

Segurísimo.

Pero tendrás que guardar el secreto permanentemente.

¿Es necesario el reconocimiento en este caso? Quizá solo por parte de la persona a quien ayudaste.

Lo más fascinante de este proceso será que tu percepción de ti también subirá un escalón.

Comprenderás mejor una parte de ti.

Y eso te permitirá no solo llegar hasta tu siguiente nivel… sino ayudar aún a más personas.

Llegará un momento en el que digan:

«Necesito contratarte permanentemente»

…y así podrás dedicarte a esta misión tan fascinante que muchos le llamamos Coaching.

Tú ponle el nombre que quieras.

En última instancia, lo importante es cómo se sentirán las personas a las cuales ‘toques’.

Con comprensión y persuasión a la vez… una especie de Yin y Yang.

Tú sabes lo que viene a continuación: Voy a invitarte a ser parte de nuestro círculo.

Y yo te insisto una y otra vez con eso, por una sola razón:

De alguna manera sabes que puedes usar tu experiencia y conocimiento para ayudar a otros. Quizá no sepas por dónde empezar, o ya tienes experiencia; tienes apenas la espina de la curiosidad o ya cuentas con una agencia.

No importa.

Lo importante es la pregunta:

¿Cómo te hizo sentir este escrito?

Pues exactamente así aspiro a que se sientan tus pacientes, tus clientes, tus coachees, o como prefieras llamarles.

Que no olviden cómo les hiciste sentir.

(Te aseguro que ese reconocimiento igual irá de boca en boca. Es inevitable)

Pero toda gran aventura comienza con una decisión; y hoy puedes ser parte de nuestra próxima cohorte de coaches internacionales con el Diplomado en Knesix Executive Coaching.

Hoy mismo puedes inscribirte.

El impacto de esa decisión hoy, te beneficiará por décadas.

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Es mi pregunta para ti.

Te espero en el campus virtual,

Jesús Enrique Rosas

Director – Knesix Institute

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