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Justo cuando vayas a saludar a alguien con un apretón, no pierdas tiempo y extiende tu mano tú primero. Así demuestras genuino interés en la persona, agrado por encontrarse y proactividad en el saludo; De la misma forma, puedes mantener el contacto visual, por lo que le queda a tu contraparte “dirigir“ su mano hacia la tuya, incluso bajando la mirada. Es una estrategia sencilla que te da poder (e incluso encanto).