Había una leyenda urbana sobre Anthony Hopkins… supuestamente, nunca parpadeó cuando interpretó al icónico personaje de El silencio de los corderos.

Aunque no es cierto y sí parpadea en la película, el mito persistió debido a una peculiaridad muy útil:

Hannibal Lecter no necesita presentación, pero la interpretación de Hopkins ofrece algunos tips para negociaciones difíciles.

Este hombre sabía cómo causar una gran impresión; estamos hablando de poco más de 16 minutos de actuación en toda la película, y aún así se llevó el Oscar al mejor actor.

El mito de «nunca parpadear» se generó porque Hopkins se entrenó deliberadamente para casi no parpadear, y así mantener a la audiencia al límite y a la expectativa.

Los pocos momentos en que parpadea, lo hace lenta y deliberadamente. Eso nos da dos pistas de personalidad.

Si mantienes un contacto visual completo sin parpadear, la gente se va a sentir incómoda. De hecho, el contacto visual sólido durante más de 5 segundos hace que cualquiera se sienta un poco ansioso.

El hecho de que parpadee deliberadamente es una manera de mostrar un personaje que no deja absolutamente nada al azar.

Pero en palabras de Hopkins, el truco real era la serenidad. «No es tanto no parpadear, es sólo
estar quieto. La quietud tiene cierta economía y algo de poder en ella.»

Es un buen consejo para recordarnos acerca de demostrar
verdadero poder.

Mantener nuestro comportamiento tranquilo y sereno.

Puedes saber cuando la gente está fingiendo. Ellos no parecen tranquilos; parecen… lentos y torpes.

Mis clientes suelen ser personas muy frenéticas que hablan demasiado rápido. Por supuesto, el tiempo es normalmente limitado, así que es una reacción natural.

Pero eso reduce el poder que proyectan. Al final, no vas a copiar a Hannibal… la personalidad de Lecter «tal cual». Eso nunca funcionaría.

Pero puedes trabajar en la forma de expresar tus palabras. No importa lo que digas, debes ser consciente de cada palabra que expreses.

Absolutamente cada palabra es importante al transmitir tu idea.

Si te encuentras tropezando o corrigiendo cuando hablas, intenta hablar más despacio.

Practica la forma de expresar tus ideas hasta que encuentres un ritmo que te permita encadenar una idea tras otra sin problemas.

Si has tocado un instrumento musical, entenderás de qué se trata.

Controlar su velocidad de habla para que coincida con tu proceso de pensamiento será realmente útil en negociaciones.

No sólo te apreciarán en control absoluto; tampoco reaccionarás exageradamente a nada de lo que la otra parte diga o exija.

Recuerda: Cada palabra es importante, así que trátalas como tales.

Ser capaz de hablar de una manera poderosa no es sólo sobre las palabras.

Tu lenguaje corporal también es crítico, en el arte de la persuasión.

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¡Mucho éxito!

Jesús Enrique Rosas

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