Cuando las curvas de la vida nos golpean justo en el hígado, es normal (pero inútil) quejarnos de nuestra mala fortuna.

Christopher Reeve estaba deprimido justo después de su accidente… hasta que tuvo una visita singular:

Su situación lo golpeó muy duro. Empezó a deprimirse, inseguro de su futuro.

Mucho menos lograba abrazar la voluntad de vivir, necesaria para superar su situación.

Pero un día, la puerta de su habitación se abrió rápidamente y entró un visitante en bata y máscara quirúrgica.

El hombre hablaba con un fuerte acento ruso.

– Hola. ¿Es usted el Sr. Reeve? Muy bien, muy bien. ¡Soy el proctólogo y necesito examinarle!

La mente de Reeves sintió algo raro… y entonces lo entendió. No era un proctólogo, ni siquiera un médico de verdad.

Era Robin Williams.

Reeve y Williams habían sido mejores amigos por 25 años.

Ver a su sonriente amigo imitando su papel de «Nueve meses», hizo que Superman estallara en risas.

Ese momento le ayudó a cambiar su forma de pensar. «Si puedo reír, puedo vivir», dijo.

Eso era todo lo que importaba.

La lucha de Reeve hace que la mayoría de los «problemas» sean insignificantes.

Pero la vida nunca ha sido una competición, ni de victorias ni mucho menos de cargas.

Lo peor que puedes hacer es comparar su situación con la de otro.

Perderías la perspectiva de lo que tienes.

No podemos medir cuánta energía y voluntad reside en nuestro interior.

Pero usualmente necesitamos uno de los crisoles de la vida para dejar de pensar y repensar, y aprovechar esa pasión ardiente.

¿Es realmente necesario esperar un momento así para probar de qué estamos hechos?

Hay un ejercicio divertido que puedes aplicar cada vez que te sientas abrumado.

Imagina el peor escenario posible que pueda presentarse. Sé cruelmente creativo. Visualízalo, siéntelo.

Ahora imagina que te acabas de «teletransportar» a tu situación actual.

¿Cómo se ve ahora?

Estoy seguro de que tus sentimientos sobre tu situación actual van a cambiar, al menos un poco.

Te vas a poner un poco más derecho.

Tu lenguaje corporal sigue tu estado emocional.

La gente a tu alrededor lo nota. La mayoría no te hará daño… pero otros pueden aprovecharse.

El lenguaje corporal es esencial para descifrar a los demás, y para monitorear tus propios estados emocionales.

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Mucho éxito,

Jesús Enrique Rosas
Puedo escribir toda una historia cuando leo tu lenguaje corporal.