Después de seis años de haber roto relaciones personales el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, volvió a estrechar saludo con el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Esto a raíz del triunfo del NO en el plebiscito del pasado domingo 2 de octubre donde se les preguntó a los colombianos si querían refrendar el acuerdo de paz firmado entre el presidente Santos y el grupo guerrillero FARC; resultado que impidió poner en marcha el acuerdo y obligó al gobierno nacional a escuchar los reparos de la oposición encabezada por el expresidente Uribe.

El saludo es una oportunidad importante para asumir posiciones corporales de poder y los líderes del mundo lo saben y utilizan para demostrarlo.

Durante el encuentro en la Casa de Nariño los dos hombres usaron todo su lenguaje corporal para dejar en claro su voluntad de encontrar una salida a la crisis política generada por el triunfo del NO.

Al entrar al salón donde se desarrollaría la reunión el presidente Santos se acerca en primer lugar a Uribe, pero poco antes de llegar hasta donde éste se encuentra inclina un poco su cabeza y baja la mirada en una clara demostración de no estar recordando sentimientos muy positivos. Extiende entonces su mano, toma la iniciativa del saludo y muestra interés. Cuando Uribe observa el gesto de Santos se dispone a responder el saludo y, para no dejar dudas de su disposición de contribuir al buen clima de la reunión, gira por completo su cuerpo hacia Santos: dorso, extremidades y rostro quedan alineados frente al mandatario en ejercicio.

Estrechan sus manos de manera horizontal, en señal de igualdad, las sacuden con energía y en sincronía durante seis ocasiones, al tiempo que acompañan este gesto con el cruce de un par de palabras. Al final Santos logra forzar una sonrisa, suelta la mano de Uribe y vuelve a bajar la mirada antes de saludar a los acompañantes de su opositor.

Ambos eran conscientes que Colombia y el mundo los observa, por eso tuvieron cuidado de disponer sus cuerpos rectos, pecho y cabeza levantados para no dejar espacio al otro que le permitiera reflejar una posición de poder más fuerte o decidida. El saludo fue políticamente correcto, pero ¿En medio de la coyuntura cualquiera de los dos debería haber realizado algún movimiento corporal que le asegurara mostrarse con mayor poder que el otro y empezar a ganar terreno frente a los objetivos que persiguen?

Feliciano Giraldo O.
Especialista y coach en Lenguaje No Verbal