Ellos saborearon las mieles del éxito (Aunque detestaban lo que hacían)

  • famosos que odiaban lo que hacían
Jesús Enrique Rosas
Por en la categoría Emprendimiento

A veces creo que los libros de autoayuda no se ponen de acuerdo; por un lado te dicen que “Hagas lo que ames” (Y si amas construir acordeones, pues ¡Adelante!), mientras que otros te dicen “Ama lo que haces” (Dedicado, quizá, al señor que le toca probar los acordeones).

¿Cuál de las dos premisas será la correcta?

Creo que ambas. O ninguna. La verdad es que no importa.

Hago este comentario pues al revisar algunas biografías para leer, me topé con la de Andre Agassi, ganador de 8 Grand Slams. (Y al menos un Australian Open, US Open, French Open y Wimbledon), así como un puñado de títulos más.

Y por cierto, odiaba el tenis. Pero lo odiaba en serio.

Andre Agassi

Por inverosímil que un semblante así pueda llegar a odiar algo.

Supongo que a su padre, Emmanuel Agassi, le pareció interesante que el pequeño a los dos años ya era capaz de hacer un servicio de cancha completa. Siendo boxeador olímpico retirado, el progenitor se dedicó con intensidad militar a hacer del chico una estrella del tenis (Lo quisiera, o no).

*Inserte montaje de entrenamiento estilo Rocky*

A los 6 años, entrenaba con una máquina diseñada por Emmanuel, cariñosamente llamada “El dragón”, que le disparaba más de 2500 pelotas al día a 180 km/h (Sí, a los seis años, no es un error). Un millón de pelotas al año sonaba como un método  de aprendizaje efectivo, a la par de doloroso.

Tennis ball cannon

No conseguí imágenes de la máquina pero este cañón a base de gas propano debe parecérsele bastante.

No es de extrañar que los problemas de ira de su padre y el entrenamiento espartano al cual era sometido, germinaran en Andre un profundo resentimiento por el tenis. Era una obligación, una tarea que lo agobiaba, una imposición. Y a pesar de ello, logró el éxito que conocemos.

No fue sino hasta casarse con Stefi Graf, que logró hacer las paces consigo mismo, con su padre, con el tenis y con los millones de dólares que ganó a lo largo de todos esos años (Los que le ayudarían a convertirse en un reconocido filántropo).

Una encomienda especial.

Miguel Ángel Buonarotti no necesita presentación; siendo una de las figuras más importantes del renacimiento, su trabajo como escultor, arquitecto, pintor y poeta está bien documentado y ha sobrevivido casi intacto hasta nuestros días. Su creación más famosa, el techo de la Capilla Sixtina, le tomó más de dos años y es considerada la obra de arte más grande de todos los tiempos.

Sixtine chapel touching fingers

Ésa, la que te recuerda a E.T.

Aún más asombroso, tomando en cuenta que el italiano detestaba pintar.

Miguelángel amaba la escultura; era, sin duda alguna, su pasión; tanto así, que el trabajo de la Capilla Sixtina fue un trato a regañadientes entre él y el Papa Julio II, como condición para otorgarle el trabajo de esculpir 40 estatuas para la tumba papal. En pocas palabras, accedió a pintar el techo solo para que le dieran permiso de hacer lo que verdaderamente amaba.

Sería pecado olvidar que mientras pintaba uno de los muros, se cayó del andamio y al encontrarse solo, tuvo que arrastrarse hasta su casa, donde permaneció convaleciente varias semanas.

diving tower

Para que tengas una idea: Como esta altura, pero sin el agua.

Piénsalo por un momento.

…y una consideración final

Kurt Vonnegut es conocido por obras como Matadero Cinco Desayuno de Campeones; para cualquiera que en algún momento haya intentado escribir así sea solo un cuento corto, su descripción sobre este arte es bastante explícita:

“Cuando escribo, me siento como un hombre sin brazos ni piernas, con un lápiz en la boca.”

Definitivamente, nada cómodo, placentero ni glamoroso.

Obviamente, la gran mayoría de las personas que alcanzan el éxito, aman lo que hacen y esa pasión es una fuente de motivación constante. Pero todos, en algún momento, flaqueamos; no está de más recordar estos tres ejemplos superación, entrega y triunfo a pesar de las circunstancias.

¿Qué opinas?

2017-06-20T11:23:40+00:00

Sobre el autor:

Jesús Enrique Rosas
Director Ejecutivo de La Universidad Corporativa - Fundación Lenguaje Corporal. Escritor, conferencista e investigador, actualmente en Madrid. Autor del libro "Lenguaje Corporal en 40 Días". Contáctale en nuestra Red.
  • Julio Avella Zanella

    Sugiero el concepto de misión (o destino). Hay cosas que tienen que hacerse. Alguien las tiene que hacer y hacerlas bien.

  • ¡Gracias por tu comentario, Gaby! ¡Saludos!

  • Gaby Alviso

    Hola Jesús! Acabo de leer tu artículo y realmente me dejo buen sabor de boca, nunca imaginé que alguien tan bueno para el tenis lo odiara tanto o el caso de la pintura… que para mi interpretación fue parte de una negociación; es decir hizo algo que no le agradaba para hacer lo que más disfrutaba… Sin duda es el mayor recordatorio que me dejaste: Obtenemos aquello que negociamos, y cuando de pasión se trata; siempre tendremos que ceder en algo… Es verdad también que siempre hay tropiezos y es entonces ahí donde se tiene que negociar, ahora con nosotros mismos… Gracias por el recordatorio. Saludos! 😉