A veces olvidamos que normalmente no sabemos quién podría estar escuchándonos… y el impacto real de nuestras palabras.

Henry Cavill tiene una anécdota graciosa sobre eso, cuando recibió las palabras adecuadas en el momento adecuado:

Cavill era un adolescente torpe en la escuela secundaria, hasta el punto de que lo llamaban ‘Cavill el Gordo’.

Sí. Difícil de imaginar, ¿verdad? pero bueno, el cuento es éste…

Un día la escuela era la locación de una producción de Hollywood, y se encontraba un actor famoso allí.

Por un extraño giro del destino, Cavill se encontró hablando con él.

– Señor, ¿cómo es ser actor? – dijo el ‘Gordo Cavill’

– El sueldo es bueno, pero te tratan como a una mi*rda, muchacho. – Respondió el otro con un acento australiano.

El deseo de Cavill se hizo aún más fuerte.

Momentos más tarde y cual película ochentera, Cavill ayudó al actor a evadir a un montón de fans que querían conocerlo.

Los detalles de la evasión no están claros, pero supongo que el futuro Hombre de Acero derribó una pared golpeándola con su barbilla.

Al final, consiguió una foto firmada del actor.

Luego pasaron 12 años.

El improvisado mentor y el ya-no-gordo Cavill se encontraron en un gimnasio privado, entrenando para sus papeles en la misma película.

Cavill no estaba seguro de si el hombre lo recordaba. Pero mientras se tomaban un descanso, éste dijo:

– Oye, ¿acaso te conozco de algún otro lugar?

Cavill sonrió y le preguntó si recordaba haber sido salvado de una turba escolar hace más de una década.

El hombre se quedó en silencio. Luego entrecerró los ojos. Luego preguntó:

– ¿Qué fue lo que te dije en ese entonces?

– Que «el sueldo era bueno pero te tratan como a una mi*rda»

El hombre explotó en risas.

El mentor improvisado era Russell Crowe.

Podemos imaginar que el abrazo varonil que vino después se registró como 5.7 en la escala de Richter.

Crowe interpretaba a Jor-El, el padre de Superman en la película ‘Hombre de Acero’. Al final, la historia volvió a encontrarlos de una forma casi premonitoria.

La lección:

A veces no sabemos cuánto poder pueden tener un par de frases en las experiencias y pensamientos de los demás.

Debemos asegurarnos de que todo lo que salga de nuestras bocas, fluya directamente de un corazón bondadoso.

Este mundo necesita gente que use las palabras para levantar a los demás.

A veces será lo contrario; tendrás que disfrazar tu mensaje para que esté envuelto en secreto sólo para que unos pocos lo entiendan.

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¡Mucho éxito!

Jesús Enrique Rosas
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