Tu reputación siempre hablará por ti, para bien y para mal; así que tiene sentido modelarla tú mismo, ¿verdad?

Una anécdota sobre los puros cubanos es el ejemplo perfecto de lo que debes hacer siempre al respecto:

El editor estadounidense Alfred Knopf subió un día a un tren y se dirigió directamente al vagón de fumadores.

Se sentó junto a un caballero muy educado. Como Hannibal Lecter pero sin la parte de psicópata, supongo.

Knopf sacó uno de sus cigarros especiales y lo encendió. Tras un par de caladas, ofreció otro puro a su vecino. El caballero lo encendió y, tras un par de caladas, dijo…

– Este es un cigarro magnífico, ciertamente!

Complacido por el buen gusto del hombre, Knopf le respondió:

– Así es. Estos puros los ha puesto especialmente Upmann para mí.

– ¿Ah, sí? -dijo el desconocido- ¿Puedo preguntarle su nombre, señor?

– Alfred Knopf. ¿Puedo preguntar el suyo?

– Upmann.

Ya te puedes imaginar una risa de fondo al estilo de cualquier comedia televisiva, después de ese chiste.

La reputación de la familia Upmann con los puros cubanos había trascendido las fronteras a principios del siglo XX.

Pero la parte más importante de la historia debería ser la reacción del Sr. Upmann ante los buenos comentarios de su vecino de tren.

Upmann le preguntó su nombre.

Antes de revelar que era el responsable del producto que ambos tenían en sus manos en ese momento, se centró en algo más importante:

La parte personal de la relación comercial.

Por cierto, «ese» Upmann era la tercera generación de su familia que elaboraba y vendía puros cubanos.

Aun así, se centró en ese toque personal: el nombre de Knopf.

Se podría decir que lo hizo por educación, pero ese es mi punto.

Sí, tu reputación habla por ti. O, mejor dicho, habla por ti mucho antes de que te conozcan en persona.

Así que es una forma muy eficaz de preparar el juicio de los demás sobre ti; asegúrate de que sea en positivo.

Pero cuando te toque hablar, añade calidez a esa influencia que tanto te ha costado conseguir.

Un error común es expresar una falsa modestia; sí, tal vez te sientas halagado y quieras bajar el tono.

No lo hagas. Será como rechazar las palabras amables y eso nunca es bueno. Mejor, redirige la conversación hacia la otra persona.

A todo el mundo le gusta hablar de sí mismo, así que no sera nada difícil.

Aprovecha tu reputación y deja que hable en tu nombre a los miles, si no millones, de personas a las que no puedes llegar directamente.

Cuando lleguen – y lo harán – haz que se sientan bien y que se sientan inteligentes.

Consejo adicional: recuerda siempre un detalle sobre cada persona que conoces.

El carisma es un arte que conduce al éxito; y sí, puede aprenderse mediante sistemas.

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Jesús Enrique Rosas
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