Cómo aplicar el aprendizaje de microgestos para identificar tus propias emociones

  • Microgestos en el trabajo de nuestras emociones

Cotidianamente sostenemos conversaciones por diferentes medios. En todas ellas, y particularmente las conversaciones cara a cara, numerosos elementos juegan un papel fundamental en su flujo y desenlace. Aún así, pocas veces los gestionamos para tener conversaciones efectivas.

Uno de esos elementos clave son las emociones.

El papel de las emociones en una conversación

Una forma muy sencilla de definir las emociones es hablar de ellas como la predisposición para tomar una acción. Siempre que queremos hacer algo, las emociones condicionan nuestro actuar: si nos sentimos muy tristes, es más posible que queramos estar apartados y que aparezca el llanto; si estamos en presencia de un bebé o un cachorro, es más probable que surjan acciones espontáneas de ternura que de rabia, en cuyo caso arrugar el entrecejo y gritar son reacciones mucho más posibles.

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Con estos ejemplos, se pone en evidencia que el mundo emocional de los seres humanos es muy importante y siempre presente. El hecho de actuar motivados por nuestras emociones es una característica fundamental de diferenciación con otros seres vivos, y que a la vez nos vuelve complejos.

Con respecto a nuestras conversaciones, a lo largo de la vida hemos aprendido diferentes códigos para identificar diversas emociones en nuestros interlocutores: la sonrisa, por ejemplo, nos da indicios de agrado y empatía, o unos ojos bien abiertos acompañados de unas cejas arqueadas pueden indicar sorpresa. Hasta aquí, pareciera que con un poco de observación y empatía es posible comprender e incluso gestionar los sentimientos que fluyen en la conversación.

Sin embargo, hay un ingrediente que nos complica las cosas: por naturaleza, los seres humanos también camuflamos nuestras emociones.

Particularmente en situaciones en las que no queremos revelar nuestros sentimientos (a manera de defensa) y tratamos de neutralizarlos o de disfrazarlos. Así las cosas, se vuelve difícil interpretar a nuestro interlocutor y más difícil aún que la conversación tenga el resultado que esperamos.

Los microgestos: una herramienta para comunicarnos mejor

Los expertos en la interpretación de microgestos –entendidos como expresiones o movimientos de corta duración y poco perceptibles-, han identificado diferentes elementos de la comunicación no verbal que ponen en evidencia esas emociones que desean permanecer ocultas. Aprender a identificarlos da ventajas importantes, al permitir acercarse a las emociones genuinas de nuestros interlocutores, explorarlas y orientar la conversación al objetivo que se busca.

No obstante, a partir de los estudios realizados en el posgrado, y pensando en experiencias previas de mi ejercicio profesional como psicóloga y coach, me estuve preguntando reiterativamente la utilidad que pueden tener los microgestos no solo para leer a nuestros interlocutores sino para para gatillar emociones que puede estar dormidas o relegadas por algún motivo.

De hecho, mis reflexiones me llevaron a un caso en particular que comentaré brevemente:

HF llega a consulta porque en reiteradas oportunidades sus colegas, familiares y amigos le han dicho que es una persona fría, distante, y particularmente neutra; esto último haciendo referencia a que no podían identificar fácilmente si estaba sorprendido, enfadado o triste, y que sólo podían saber/inferir cuando estaba feliz.

A HF no le incomodada esta apreciación. De hecho, lo consideraba un talento y consideraba que solo las personas más cercanas podían saber realmente cómo se sentía. Para efectos del presente ensayo agregaré que me llamó la atención que, en una de nuestras conversaciones, encontramos que HF no sabía lo que era sentirse sorprendido: esto es, no reconocía dentro de sí alguna sensación asociada a sorpresa, ni tenía recuerdos de haberse sentido sorprendido.

En diferentes libros y artículos referentes a las emociones, se encuentran diferentes técnicas terapéuticas de inmenso valor para aprender a “llamar” las emociones cuando están apaciguadas, reprimidas o dormidas por alguna razón: biodanza, teatro terapéutico, técnicas de respiración, arte terapia entre muchas otras. Encuentro en común que todas ellas, independientemente de su origen y sustento teórico, invitan a una sana coherencia entre las emociones y el cuerpo, solo que inducen a empezar por la expresión externa para empezar a hacer consciencia del mundo interior: “respira de esta forma para traer a ti la tristeza”, “haz este movimiento y empieza a sentir la alegría”, “usa estos colores y revisa con qué recuerdo te conecta”. De este modo, empezar por la expresión emocional para luego hacer introspección facilita la conexión con la complejidad de las emociones y empieza a dar luces para un posterior desbloqueo y sanación.

Entonces: ¿Qué tal si el hecho de hacerme consciente de mi rostro, de mis músculos, de su multiplicidad de movimientos, del significado social que enmarca mover unos u otros constituyendo un gesto que muestra cómo me siento con respecto a algo… qué tal si se practica como un ejercicio de valor terapéutico para personas como HF que no reconocen dentro de sí ciertas emociones? ¿Y si enseñarle a HF cuáles son los músculos involucrados en la expresión de la sorpresa, ayudarle a practicar frente al espejo, permitirle exagerarlos, hacerlos de forma separada y luego todos juntos, pedirle que repita este ejercicio sistemáticamente y que practique el identificar la sorpresa en los demás entre otros varios ejercicios, le ayudara de alguna forma a desbloquear sus sensaciones internas relacionadas con la sorpresa?

Partiendo de este insight, hice un ejercicio conmigo misma, que aunque puede estar viciado por mi propia hipótesis, me dio la motivación para practicarlo con otros. Tuve una situación reciente que me trajo mucha tristeza, y la compartí con una amiga que me decía que realmente no me sentía triste al respecto, sino muy tranquila y racional con lo que había pasado. En un momento en que ella se fue a abrir la puerta de su apartamento, yo me fui al baño y me pregunté también si realmente estaba triste, y practiqué el 1+15 que aprendí en una de las guías del programa. Me aparecieron las lágrimas que no habían salido y bueno, pude conectarme genuinamente con la tristeza que aparecía en mi discurso, pero no había aparecido en mi cuerpo.

microexpresion 1+15

Sea para identificar las emociones del otro, o para ayudar a conocer las propias, sin duda las microexpresiones están al servicio para ayudar a ver esa coherencia entre emociones, cuerpo y lenguaje. Por mi parte, continuaré explorando las posibilidades de esta herramienta y con seguridad, re-aprendiendo en cada aplicación que realice.

2017-02-12T13:37:09+00:00

Sobre el autor:

Diana Barrera Medina
Profesional y ser humano al servicio del bienestar y el desarrollo de las personas en las organizaciones. Psicóloga de la Universidad Piloto de Colombia con énfasis empresarial, Coach Ontológica de Newfield Network. Contáctale en nuestra Red.