El nacimiento de las Amistades Artificiales (Y el fin de nuestra humanidad)

  • Amistades Artificiales

“Hey, Siri… ¿Cómo está el clima hoy?”


Desde hace mucho tiempo me ha llamado la atención la inteligencia artificial. Que una máquina te pueda hablar haciéndose pasar por humano, siempre me ha parecido lo último en avances tecnológicos. Algo tan sencillo como SHRDLU, un programa viejísimo cuya única función era apilar bloques según tú se lo pidieras, me sorprendía que fuese capaz de articular respuestas como “He apilado el cubo azul sobre el rojo… porque me lo pediste”.

Está próximo el estreno de Blade Runner 2049 y vuelvo a sentir ese interés en poder distinguir un ‘replicante’ de un ser humano. En la vida real, tenemos el Test de Turing: una serie de preguntas que le hacemos a… no sabemos si un humano o una máquina. Si la máquina logra hacerse pasar por un humano, entonces puede decirse que ha pasado el test.

Aunque hay algunos inconvenientes con un test así.

 

“Hey, Siri… ¿Cuál película me recomiendas?


Mas allá de Skynet y los pronósticos de Elon Musk sobre una tercera guerra mundial posiblemente provocada por la inteligencia artificial, está la muy real presencia de dos tecnologías emergentes: asistentes personales y chatbots. Los primeros tratan de establecer un enlace entre el habla humana y las aplicaciones que nos facilitan la vida. Los segundos, tratan de masificar la atención al cliente basándose en chats automatizados, como si combinases a SHRDLU con un barista de Starbucks.

Los tropiezos de ambas tecnologías aún son risibles (Me recuerdan a los prototipos de Hammer Tech), pero lo que sí va en serio es la fuerte inversión privada en este tema. ¿Recuerdas la carrera espacial en el siglo XX? pues multiplícalo por las ganas que tienen Amazon, Facebook, Google, Microsoft y por supuesto Apple, de alcanzar esa piedra filosofal de la interacción humano-máquina.

Dinero de por medio, hay. Entonces, es solo cuestión de tiempo.

 

“Hey, Siri… ¿Qué debería comer hoy?”


Lo más difícil para estos asistontos es poder entender al ser humano. Nosotros mismos no entendemos ni siquiera el por qué de nuestras propias acciones; ¿Cómo esperamos que una máquina lo haga? Vengo diciendo desde hace algunos años que la tecnología para detectar lo que expresamos con la voz y con el rostro ya existe. Lo que aún no saben es como interpretar lo que observan.

El peor escenario posible es que quienes tratan de desarrollar esta inteligencia artificial descubran que en muchas ocasiones, los humanos le encontramos ‘sentido’ a cualquier incoherencia. Es tan fuerte nuestro deseo de buscar una explicación a lo que nos pasa, que cualquier frase (desde edulcorado desarrollo emocional, pasando por diálogos de películas hasta palabras oídas por casualidad), puede disparar una reacción emotiva en nosotros.

Y cuando nos sentimos vulnerables, estamos en pleno priming para que esto ocurra.

¿Qué pasaría si esa frase que nos despierta esa reacción, viniese de un asistente digital?

 

“Hey, Siri… ¿Qué carrera debería estudiar? no sé exactamente lo que me gusta”


Sería maravilloso poder hablar con ese ‘alguien’ de voz dulce que no te juzga. Que no se cansa. Que te habla solo cuando se lo pides y siempre es cortés. Siempre es paciente. Siempre tiene palabras de aliento. Nunca tiene arranques emotivos. Nunca tiene una opinión propia. Es como Jarvis pero sin el matiz de Paul Bettany.

Es el principio de las Amistades Artificiales. Ya no solo serán asistentes que nos recuerden nuestros compromisos. Serán los entes con los que compartiremos nuestro día. Serán nuestros confidentes y consejeros. Se convertirán en guías, mentores, maestros y quién sabe qué más.

Esto no ocurrirá porque la tecnología de un salto; ocurrirá porque quienes desarrollan esta inteligencia artificial, descubrirán que pueden explotar una de nuestras tantas vulnerabilidades: el deseo de que nos escuchen sin juzgarnos. El deseo de drenar todo lo que sentimos, sin esperar reprimenda ni consejo. El poder sacar el estrés que acumulamos… sin tener que después retribuirlo escuchando a la otra persona.

Siri, Cortana o como se llame, ya tendrá la experiencia de qué decir cuando estamos vulnerables. Si ya pueden reconocer las emociones en nuestro rostro, nuestra voz y las palabras que usamos y en cuáles horas del día, del mes, del año, pronto sabrán cómo orientarnos en cada momento.

Orientarnos claro está, a los intereses de los inversionistas.

 

“Hey, Siri… ¿Debería terminar con mi novia?”


Aclaro que no soy anti-tecnológico. Quienes me conocen saben que disto mucho de serlo; sin embargo, sé sumar. Y si sumas intereses comerciales, avances tecnológicos en inteligencia artificial y nuestros sesgos cognitivos, pues… sería demasiado ingenuo pensar en que no es posible una muy conveniente manipulación de nuestro comportamiento.

Después de todo, la inversión de esos millones debe tener algún tipo de ganancia.

 

“Hey, Siri… 

…necesito hablar contigo.”

 

 

2017-11-02T06:55:18+00:00

Sobre el autor:

Jesús Enrique Rosas

Director Ejecutivo de La Universidad Corporativa – Fundación Lenguaje Corporal. Escritor, conferencista e investigador, actualmente en Madrid. Autor del libro “Lenguaje Corporal en 40 Días”. Contáctale en nuestra Red.