«Los tiempos cambian», decimos constantemente, cuando en realidad los que cambiamos somos nosotros. Y tampoco cambiamos nosotros… cambiamos nuestras costumbres más bien; desechamos unas, adquirimos otras nuevas y así vamos progresando.

Sin embargo, hay costumbres que no deben perderse; aquí tienes tres que pueden parecer superfluas, pero te garantizo que tendrán un grandísimo impacto cuando las pongas en práctica:

 

1. Saber cómo presentar a las personas


Algo tan sencillo como facilitar el primer encuentro entre dos colegas, puede volverse incómodo si, para empezar, lo dejas a la ligera o simplemente no los presentas entre sí.

Las presentaciones son un arte muy, muy sencillo si recuerdas dos reglas obligatorias:

– Siempre le presentas primero la persona de mayor edad a la de menor edad. (Esto es aplicable al 80% de los encuentros). Si son un hombre y una mujer de edades similares, le presentas la mujer al hombre. En caso de duda (si vas a presentar a dos personas de tu mismo sexo y edad), presentarás primero a la que le tengas más confianza.

Por ahora, deja a los robots de último.

Por ahora, deja a los robots de último.

– Ya que conoces a ambas personas, busca un tema relacionado con ellas (preferiblemente con la de mayor edad), y menciónalo mientras las presentas, para así facilitar una conversación entre ellas.

 

2. Recordar la última conversación que tuviste con alguien


Por supuesto que es importante saber escuchar y dedicar toda nuestra atención; pero pocas cosas impactan tanto como encontrarse con una persona a la que no ves desde hace semanas o meses, y de inmediato te pregunta por algo personal que le comentaste la última vez que la viste.

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La práctica hace al maestro. Mucha práctica.

Eso desarma a cualquiera; no sólo me escuchó con atención lo que tenía que decir; incluso lo recuerda y se preocupa por averiguar cómo me fue. Ni hablar del efecto que tiene esta habilidad en la confianza y el magnetismo que puedes desarrollar hacia tu persona, ejercitando un poco la memoria.

Pero la tercera habilidad es, sin lugar a dudas, la más impactante:

3. Escribir a mano una nota de agradecimiento


Los mensajes de texto se han vuelto tan populares que son prácticamente la forma de comunicación más popular después  de la conversación, y pueden llegar a ser un canal perfecto cuando se usan correctamente. Pero nada se equipara, al momento de agradecer una cena, un reencuentro o un detalle, con una nota manuscrita.

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Lo ideal es un papel pesado, sin línea, con una tinta expresiva (Nunca bolígrafo o lápiz, por favor… y si no tienes una pluma fuente, hay plumas desechables híbridas que las imitan perfectamente), que sirva de marco para tus palabras.

Tu letra es la expresión de tu personalidad, y en ese mensaje tan personal tus frases tendrán más impacto. ¡No tienes que extenderte 1000 palabras! una cuartilla basta y sobra. ¡Adelante!

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